La del teléfono y la del mostrador. Todo lo demás —el local, la copa, la vidriera— es lo que las alimenta.
Sin manual de 55 páginas, pero con las mismas decisiones tomadas.
Un negocio que arranca no necesita un brandbook: necesita un logo que funcione en un avatar de cuarenta píxeles, dos o tres reglas para no perder coherencia, y piezas que muestren el producto. La marca se creó en 2023; hasta 2025 seguí con contenido y carteleras.
La palanca estaba clara: en una tienda de bebidas nadie compra por el logo. Compra por la foto del producto y por lo que ve al entrar. Ahí fue el presupuesto.
@cruda.crew ↗La cartelera digital sobre el mostrador rota promos y variedades, y el resto del contenido sale de ahí mismo: la vidriera, la chopera, las copas servidas.
Un encargo chico obliga a elegir qué es lo mínimo que la marca necesita para funcionar.
En un proyecto grande podés cubrir todo. Acá hay que decidir dónde está la palanca —el envase, la prenda, la foto— y poner el presupuesto ahí. Es el mismo criterio que uso en los casos largos, con menos margen de error.